jueves, abril 12, 2007

VIAJAR POR EL SUR

Sí, ya lo sé.

No hace falta que me digáis que no son playas de blanca y fina arena, que no hay palmeras ni cocoteros, ni barcas de pescadores con moreno perpetuo. Ni siquiera varaderos de madera más antigua que la memoria de muchos de nosotros. Que a veces hay lluvia y suciedad, pero es lo que hay. Los paraísos que nos venden no existen. Sólo los que hacemos nosotros día a día con nuestras manos son los que duran.

Pues intentando dar forma a nuestros paraísos particulares nos encaminamos hasta Conil de la Frontera. Antes los niños y las niñas pararon a recoger de la Madrugá sevillana lo que quedaba entero de mí. Emoción, arte y espectáculo. Un café en Triana, bendito café, y pusimos rumbo en busca de arena y sal.

La costa gaditana posee por sí sola ese duende del que tanto hablan los poetas. Lo tienen sus casas de cal blanca, su gente y el sol que la baña. Incluso lo tiene su viento bravucón, que parafraseando a Montero, cuando tiene ganas sopla tan fuerte que borra el número de los zapatos y a su paso apaga ladridos de perra.

Estas riberas me provocan muchas sensaciones, pero la que más me toca es la tranquilidad que siento cada vez que me asomo por allí. La misma que sintió Enrique, que una vez instalados en los apartamentos, paseó hasta el chiringo playero donde nos dieron largas, pensando en sus cosas. ¿Qué pensará el niño? Solitario. Tal vez se repartía entre dos elecciones que le quitan el sueño. Vale, sólo muy de vez en cuando. A lo mejor o a lo peor. Una la escuchó emborrachándose con un amigo. La otra también, de una amiga. Total, Enrique, qué te voy a contar a ti de las cosas del querer.

Estos días de relax que generoso nos regala el calendario han sido diferentes. En general hemos disfrutado bastante, sólo había que vernos las caras. Ha habido algún sustillo, nada que no pudieran solucionar un par de viajes de ida y vuelta a casa y 700 kilómeros de propina, pero en general ha sido divertido. Mucho.

Los niños implicados en el atraco fuimos Antonio, Enrique, Pepe y yo. Y las niñas, todo un descubrimiento: Raquel, Rocío, Charo y Fátima. Me quito el sombrero por ellas y el próximo Sapphire va a vuestra salud, para que nos volvamos a ver muy, muy pronto. ¡Sois encantadoras!


La verdad es que hemos tenido de todo. Buen tiempo (¡Ja!), muy malo, pescaito frito en cantidades generosas (umhhh...las tortitas de camarones...), gintonis y caipiroscas (¿¡!?) y muchas sonrisas, sobre todo por una a la que que pareciera no acabársele nunca. Que siga así. Por tener hemos tenido hasta chaparrón chiringo-playero cuando castigábamos en la sobremesa sin piedad nuestros cuerpos serranos con la carta del chiringuito. No os preocupéis las mousseras, que en Badajoz me sé un sitio donde la mousse de chocolate está de vicio... Y lo del ambiente Chill Out y sus bares son materia para contar en otro momento. Ya sé lo que sentía la Ordóñez por estos sitios. Ya sé por qué se venía a Cádiz con tanta frecuencia. Al final me va a servir el cursillo acelerado de famoseo y corazón el domingo en la playa. He aprobado en revistas del corazón, ¿verdad Rocío?

Pues eso. Deseando volver. Y volveremos.

Juan Antonio

2 Comments:

Blogger Enrique said...

Este comentario ha sido eliminado por el autor.

abril 13, 2007 10:47 a. m.  
Blogger Enrique said...

Por lo que a mí respecta...volveré, como sea, pero volveré
Al final has tenido la iniciativa de hacerlo tú sólo...todo un acierto, puesto que noto que el óxido y la escarcha son compañeros de habitación en mi viaje...muy a mi pesar, eso sí...creo y deseo

abril 13, 2007 11:33 a. m.  

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